LINFOMA. UNA PALABRA, DOS BATALLAS: ASUMIRLO Y CONTARLO

27 de enero de 2026. 12:52 h.

Después de días de pruebas, análisis, TAC, PET-TAC, ecografías, una biopsia, una punción de médula y muchas preguntas sin respuesta, llegó el médico a mi habitación.

Ya habían pronunciado la palabra linfoma delante de mí durante la biopsia, pero todavía era una sospecha… hasta ese momento. El médico me comunicó que era un linfoma y que me derivaban directamente a la planta de Hematología, donde a partir de ese momento ellos me tratarían. Me explicó que habría que dar quimioterapia, aunque todavía estaban esperando los resultados necesarios para saber exactamente qué tratamiento utilizarían y en qué dosis.

En ese momento todo se vino abajo. Hasta entonces había habido masas, ganglios, pruebas, médicos entrando y saliendo de la habitación y respuestas a medias. Pero no había una certeza.

Ahora sí: tenía un linfoma.

En realidad, era un secreto a voces.

Como comenté anteriormente, yo sabía que algo tenía y sospechaba que ellos también. Cuando preguntaba, todo eran respuestas evasivas, pero eso no lo hacía menos real. Tiempo después, descubrí algo que me hizo volver mentalmente a aquella primera noche en urgencias: ya en el primer informe de ingreso (que yo no recibí hasta semanas después) se recogía esta información:

En los cortes de ápex pulmonares incluidos en el estudio se objetiva una masa de densidad partes blandas en mediastino superior y anterior, homogénea, de unas dimensiones aproximadas de 51 x 47 x 65 mm en sus ejes AP, Tr y CC (aunque parcialmente incluida en el estudio). Dicha masa rodea las estructuras vasculares locorregionales y ocasiona reducción en la luz de la VCS y ambas venas innominadas por compresión extrínseca de las mismas.

Los hallazgos anteriormente descritos plantean el diagnóstico diferencial entre proceso linfoproliferativo y timoma entre las principales posibilidades, por lo que se recomienda la realización de TC de tórax con CIV de forma programada para completar estudio.

CONCLUSIÓN:
Masa mediastínica superior y anterior que plantea el diagnóstico diferencial entre proceso linfoproliferativo y timoma entre las principales posibilidades. Se recomienda la realización de TC de tórax con CIV de forma programada para completar estudio.

Evidentemente, aquello no decía que tuviera un linfoma confirmado, todavía había varias posibilidades y necesitaban más pruebas, pero sí confirmaba algo que yo llevaba semanas sintiendo: había algo.

No eran imaginaciones mías.

No era simplemente miedo a comer.

Había una masa de más de seis centímetros dentro de mi cuerpo y había que averiguar qué era.

Pero con el tiempo, también entiendo por qué durante aquellos días, cada vez que preguntaba “¿tengo algo malo y no me lo queréis decir?”, nadie quería responderme. Sospechar no es diagnosticar, pero finalmente, el 27 de enero, pude ponerle nombre.

Linfoma.

La primera batalla es asumirlo.

Ese día todavía no empecé la quimioterapia, primero tenía que entender qué acababan de decirme.

Mi madre estaba conmigo: había vivido prácticamente todo aquel proceso a mi lado y allí seguía, apoyándome. A mi pareja se lo dije por WhatsApp. No era precisamente la noticia que una imagina comunicar por un mensaje, pero así fueron aquellos días. WhatsApp se había convertido casi en un diario en tiempo real de todo lo que estaba pasando dentro de aquella habitación (cosa que hoy agradezco para poder escribir este blog).

Ese día los tres compartimos miedos, porque había muchos. Pero también ese día, aparte de algunos familiares muy cercanos, prácticamente nadie más lo supo.

Primero necesitaba asumirlo yo. Después ya pensaría cómo contarlo.

No quería convertirme en la comidilla de nadie. No quería que la noticia empezara a circular y de repente recibir mensajes, llamadas y preguntas para las que ni siquiera yo tenía respuestas.

                ¿Qué tipo de cáncer tienes?

                ¿Qué tratamiento te van a poner?

                ¿Cuánto va a durar?

                ¿Se cura?

No lo sabía. ¿Cómo iba a responder a los demás si todavía no sabía responderme a mí misma?

Recuerdo que una de las primeras cosas que me dijo el médico que, tiempo después, se convertiría en mi hematólogo de referencia fue muy clara: nada de buscar en internet ni preguntarle a ChatGPT. Ellos serían quienes me explicarían las cosas y responderían a mis preguntas.

Creo que en aquel momento fue lo mejor para mí. Acababa de descubrir que tenía un linfoma y lo último que necesitaba era empezar a leer estadísticas, experiencias ajenas y posibles escenarios sin saber siquiera cuál era exactamente el mío.

28 de enero de 2026.

A la mañana siguiente me desperté muy nerviosa. Tenía las pulsaciones alteradas. Aunque ya sabía lo que tenía, quedaban muchísimas incógnitas.

Me dijeron que empezaríamos con el tratamiento, aunque todavía no sabía exactamente cómo sería. También apareció una palabra que acabaría acompañándome durante todo el proceso: el PICC (catéter central de inserción periférica: se trata de un tubo delgado, largo y flexible que se introduce en una vena del brazo y llega hasta una vena grande cerca del corazón).

Cuando me dijeron que tenía que bajar a la UCI para una “intervención”, evidentemente me asusté. Otra cosa más, otra palabra médica más y otra cosa más que iban a hacerle a mi cuerpo.

Me explicaron que me colocarían una vía por la que podrían administrarme la medicación y que me acompañaría durante el tratamiento. Recuerdo perfectamente el momento de colocarlo: había varias enfermeras y muchas chicas de prácticas. Éramos fácilmente unas diez personas dentro del box. Por suerte, no me dolió nada, pero terminó convirtiéndose casi en una obsesión: había que cuidarlo, que estuviera limpio, que no hubiera ninguna complicación… pero sobre todo tenía una idea metida en la cabeza: que no tuvieran que quitarlo y volver a ponerlo porque hubiese alguna complicación.

Poco a poco, todas esas cosas hacían que la situación fuera volviéndose real: el ingreso, Hematología, el PICC, la palabra quimioterapia… Ya no era alguien que esperaba un diagnóstico: ahora era una paciente con cáncer que estaba a punto de empezar un tratamiento.

Lo que nadie quiere escuchar, pero debes saber.

Los médicos empezaron a explicarme algunas de las cosas que podían ocurrir con la quimioterapia: cansancio, náuseas, molestias y dolores, cambios en el apetito, mayor riesgo de infecciones y, por supuesto, algo que todos asociamos inmediatamente con la quimioterapia: el pelo.

Mi pelo siempre había sido importantísimo para mí. Yo solía decir, medio en broma y medio en serio, que quería más a mi pelo que a muchas personas. Pero ocurrió algo curioso cuando me dijeron que podía perderlo: dejó de importarme. Mis prioridades habían cambiado en cuestión de días.

Yo estaba allí para curarme.

Desde el primer momento decidí que iba a luchar. Por mí, por mi familia y por toda la gente que me quería.

Pero quiero dejar algo muy claro: querer luchar no significa no tener miedo.

Tampoco os voy a mentir cuando digo que pensé en la muerte.

Y no una vez. Mi cabeza recorrió escenarios que jamás había imaginado tener que plantearme: pensé en qué pasaría si el tratamiento no funcionaba, cómo quedaría mi familia, llegué incluso a imaginar mi propio funeral.

Puede parecer macabro, pero esa también fue una parte importante de asumir que tenía cáncer. Cuando te dicen que tienes una enfermedad así, tu cabeza no se queda únicamente con: “voy a luchar”. También aparece: “¿Y si no funciona?”. Y ambas cosas pueden existir al mismo tiempo. Yo quería vivir, iba a hacer todo lo que estuviera en mi mano para curarme, pero tenía miedo de morir.

Siguiente batalla: romper el silencio.

Mientras intentaba procesar todo aquello, fui haciéndome a la idea de que tenía que decírselo a los demás. Primero fue la familia, después mis amigos más cercanos… pero a todos les puse una condición: no se lo digáis a nadie, lo haré yo a quien considere oportuno.

Necesitaba ser yo quien decidiera cuándo y cómo contar que tenía cáncer. No quería miradas de pena, no quería rumores, y, sobre todo, no quería tener que responder preguntas cuando todavía estaba intentando comprender las respuestas.

Así que fui ampliando poco a poco ese pequeño círculo de personas que conocían lo que estaba pasando.

Y hubo una respuesta que empecé a escuchar muchísimo: “Te vas a curar”.

Todo el mundo parecía saberlo y, aunque me lo decían con todo el cariño del mundo, yo no quería escucharlo. Porque ellos no lo sabían, yo tampoco, y los médicos tampoco querían prometérmelo.

Yo quería luchar, quería confiar en que todo saldría bien… aunque necesitaba esperanza, no quería una certeza que nadie podía darme.

En medio de esta incertidumbre, mi médico me dijo algo que sí me ayudó. Me dijo que, aunque era un linfoma muy agresivo y estaba extendido, también pertenecía a un tipo de linfomas que solían responder bien al tratamiento. Y que, si el primer tratamiento no funcionaba, había más opciones.

Eso sí podía escucharlo. No era un “te vas a curar”. Era: “Tenemos opciones”. Y en aquel momento, para mí, había una diferencia enorme.

También reconozco que en ese momento aún me quedaba muchísimo por aprender: tenía que conocer exactamente a qué me enfrentaba, aprender una jerga médica llena de palabras que hasta entonces no formaban parte de mi vocabulario, entender tratamientos, aceptar cambios en mi cuerpo y descubrir hasta dónde podían llegar mis fuerzas.

En ese punto de mi vida no podía decir cómo terminaría esta historia, pero sí podía decidir cómo iba a enfrentarme a ella.

Y decidí luchar. Si pensaba que recibir el diagnóstico había sido difícil, todavía no sabía cómo iba a reaccionar mi cuerpo cuando empezáramos a combatirlo… Pero eso forma parte del siguiente capítulo.

 

Que siempre sigamos encontrando la fuerza para sonreír.

Nuria.



 

Comentarios

  1. Que fuerte fuistes pequeña gran guerrera das una lección en la vida te queremos muchísimo Nuri guerrera 😘💪👏💪

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    1. Ay, muchísimas gracias🥹 Teneros a mi lado y sentir todo vuestro cariño siempre me da fuerzas para seguir luchando. Yo también os quiero muchísimo 💪❤️

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  2. Hola Nuria soy, José Luis, , te leo y veo que eres una persona luchadora y con unas ganas de luchar infinitas, tienes la cabeza muy bien amueblada, ,estas dando un ejemplo de superación, así que que te deseo que sigas adelante y nunca pierdas las ganas de seguir, un abrazo grande 💜🫂🤗

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    1. Hola, José Luis. Muchísimas gracias por tus palabras tan bonitas y llenas de cariño. Me han emocionado y me dan mucha fuerza para continuar. Seguiré luchando y avanzando, siempre con ilusión y rodeada de personas tan maravillosas como tú. Te mando un abrazo enorme 🫂🤗

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  3. Hola, Nuria. ¿Qué tal?

    Te dejo estas palabras porque estoy leyendo tu blog y, primero de todo, quería decirte que me gusta muchísimo cómo transmites lo que estás viviendo. No intentas romantizarlo ni disfrazarlo: vives y cuentas tu proceso desde tu lugar, tal y como es, y eso para mí tiene muchísimo valor.

    No sé si el blog nació a raíz de tu enfermedad, pero siento que con él estás sembrando semillas de luz para muchas personas que estamos atravesando procesos parecidos.

    En mi caso, también estoy afrontando un tratamiento oncológico tras un diagnóstico de cáncer de mama. Ahora mismo estoy en plena quimioterapia: estoy recibiendo la llamada quimio roja y después vendrá la blanca.

    Y simplemente quería agradecerte que des visibilidad a lo que significa vivir y convivir con una enfermedad y con un diagnóstico.

    No te voy a decir que eres valiente, porque a mí también me da muchísima rabia cuando me dicen: «Tienes que ser valiente», «tienes que luchar», «tienes que sacar fuerzas». Para mí esto no se trata de eso. Se trata de intentar atravesarlo de la mejor manera que podamos, un día a la vez, y también, cuando sea posible, mirar qué podemos aprender de todo lo que estamos viviendo.

    Yo estoy encontrando mucho aprendizaje en mi propio proceso. No voy a entrar en detalles porque este mensaje es para ti y no quiero robarte el protagonismo, pero sí puedo decirte que mi manera de entender la vida me lleva también a mirar hacia dentro: patrones repetitivos, cargas, sentimientos, cosas que he callado, experiencias a las que quizá no di importancia en su momento…

    Yo creo profundamente en la energía y, desde mi propia visión espiritual, siento que cuerpo, emoción y energía están conectados. Esa mirada me está ayudando mucho a transitar mi proceso, a comprenderme y, sobre todo, a encontrar paz dentro de todo lo que está sucediendo.

    Espero que mis palabras te acompañen de alguna manera y que continúes viviendo tu proceso con esa naturalidad y esa transparencia que transmites en el blog.

    Te deseo de todo corazón que tu tratamiento funcione, que algún día puedas mirar todo esto como un capítulo más de tu vida y, sobre todo, que encuentres paz dentro del proceso.

    Porque para mí, además de las idas y venidas al hospital, los tratamientos y los efectos secundarios, existe otra parte fundamental: la calma y la paz interior. Y creo que, entre tanta cita, tanta prueba y tanto tratamiento, a veces esa parte queda olvidada.

    Te mando un abrazo enorme lleno de luz.

    Gracias por exponerte, por compartirte y por poner palabras a cosas que muchas personas necesitamos escuchar y que pocas se atreven a expresar.

    Cuídate muchísimo. 💫🌸

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    1. No sabes cuánto me han emocionado tus palabras, tanto estas como las que me dejaste en LinkedIn. Las he leído con el corazón encogido, porque sé muy bien todo lo que hay detrás de ellas y el momento tan delicado que estás atravesando.

      Gracias por contarme una parte de tu historia y por hacerlo con tanta sinceridad, sensibilidad y luz. En ningún momento me robas el protagonismo; al contrario, compartir nuestras experiencias nos ayuda a sentirnos un poco menos solas en este camino. Me ha llegado especialmente tu manera de entender el proceso: no como una obligación de ser valientes o fuertes, sino como algo que intentamos atravesar de la mejor manera posible, un día cada vez. También comparto contigo la importancia de cuidar esa parte emocional y de encontrar un poco de calma en medio de tantas pruebas, tratamientos e incertidumbre.

      Aunque cada historia y cada cuerpo son diferentes, sé que muchas veces necesitamos hablar con alguien que haya vivido algo parecido. A veces resulta más fácil abrirnos con una persona que, aun sin formar parte de nuestra familia o nuestro círculo de amigos, puede comprender ciertas emociones desde un lugar muy cercano.

      Por eso quiero que sepas que, siempre que necesites hablar, desahogarte o simplemente sentirte escuchada, puedes escribirme por LinkedIn o a mi correo: lafuerzadesonreir@gmail.com. Estaré encantada de leerte y de acompañarte desde este pequeño rincón.

      Deseo de todo corazón que el tratamiento vaya muy bien y que encuentres esa paz interior que tan bellamente describes. Gracias por tu generosidad, por tu luz y por hacerme sentir que compartir mi historia también puede abrazar a otras personas.

      Te mando un abrazo enorme, lleno de cariño y de luz 🌸💜

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  4. Te entiendo perfectamente y te mando paz y esperanza. Mi hijo pasó una leucemia, yo un cáncer de recto. Yo lo acepté pero nunca me resigné. Me apoyó mi familia y mis amigas íntimas y soy creyente. Esto me dio una fortaleza fuerá de lo común. Un abrazo enorme 🤗
    Un día menos 🤎

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    1. Gracias de corazón por compartir conmigo una historia tan dura y tan llena de fortaleza. Siento muchísimo todo lo que habéis tenido que atravesar, tanto tu hijo como tú. Me ha llegado especialmente esa frase: «Lo acepté, pero nunca me resigné». Qué importante es sentirse acompañado por la familia, las amigas y la fe cuando el camino se hace tan difícil. A mí la fe también me ha acompañado mucho durante este proceso.

      Gracias por regalarme tu paz, tu esperanza y tu ejemplo. Te mando un abrazo enorme, lleno de cariño, para ti y para tu hijo 🤗🤎

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  5. Kaixo Nuria, soy Mikel, me ha encantado leerte y me he sentido muy identificado en algunas partes del escrito. Como todas las situaciones de la vida, nadie sabe lo que se siente hasta que no te suceden a ti. Muchísimo ánimo, un abrazo enorme lleno de energía positiva y todo mi cariño, es un placer conocerte y sobre todo haber podido trabajar contigo. 🫂😘

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    1. Kaixo, Mikel. Muchísimas gracias por tus palabras y por todo ese cariño y energía bonita que me mandas. Tienes toda la razón: hay situaciones que solo llegamos a comprender de verdad cuando nos toca vivirlas.

      Para mí también ha sido un auténtico placer conocerte y haber tenido la suerte de trabajar contigo. Siempre me hace mucha ilusión tener noticias tuyas. Me quedo con los buenos momentos compartidos y, sobre todo, con la calidad humana de personas como tú. Recibo ese abrazo enorme y te mando otro aún más fuerte, lleno de cariño.

      Besarkada handi bat, Mikel! 🫂😘

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  6. hola que tal
    se que este tema es algo denso, entiendo que aveses uno no busca palabras de aliento, simplemente aferrarse a las posibilidades

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    1. Gracias por compartirlo. Entiendo lo que dices: a veces las palabras de aliento no son lo que necesitamos. Basta con saber que aún hay posibilidades a las que aferrarse. Un abrazo.

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  7. No solo se aprende a vivirlas también asumir con responsabilidad propia y más cuando te toca de cerca con un ser querido y ves donde aprendemos a valorar todo lo qué tenemos a nuestro alrededor porque nunca estamos preparados para un golpe tan duro y sacar fuerzas de donde no tenemos para seguir adelante, persistir y resistir.

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